Al parecer, hoy en día el recibir por primera vez la tan anhelada credencial de elector es sinónimo de darle a un niño una entrada a un parque de diversiones. Nosotros los jóvenes, me incluyo puesto que tengo 17 años de edad, lejos de ver esta identificación tan valiosa como un instrumento para ejercer nuestro derecho a elegir gobernantes, la percibimos como un paso más a la diversión adulta, el principal uso que se le desea dar es el de ingresar a un antro, que por cierto no es necesaria mientras te veas grande.
Yo, por ejemplo, aún no puedo tramitar mi credencial del IFE ya que desgraciada o afortunadamente para el día de las elecciones aún no contaré con la mayoría de edad. En fin, no creo haberme perdido de mucho, ya que me sería verdaderamente difícil elegir entre tantos buenos candidatos. Amigos míos que sí cuentan con la credencial de elector no se interesan en lo más mínimo por las elecciones a la Presidencia de la República y no los culpo, si yo estuviera en su lugar tampoco me interesaría. No hay propuestas frescas y en mi humilde punto de vista, ningún aspirante tiene la capacidad para tomar las riendas de este país en tan endeble situación.
Se ha perdido la esperanza de los ciudadanos para que México crezca, esto no se le debe reprochar al pueblo, sino a la clase política inexistente y a gobiernos corruptos que se han encargado de manipular a la gente con promesas falsas, siempre tan afectos a crearse una imagen pública impecable. Los ciudadanos estamos cansados de lo mismo, sin embargo, esto es lo que se sigue ofreciendo a los ciudadanos.
Queda aún la esperanza de que cuando nosotros los jóvenes estemos al mando hagamos frente a todo el rezago en el cual nos encontramos. Confío en que nuestra generación haga las cosas mejor, ya que nos ha tocado ver todo el abuso, despilfarro y populismo de administraciones pasadas.
Mientras tanto, no hay mucho por hacer hasta que llegue una nueva generación de líderes que sí se interese por el bienestar de la sociedad y realmente solucione la situación del país. Cuando los jóvenes sintamos que nuestro voto no va a ser desperdiciado y que nuestra voz es escuchada para ser tomada en cuenta, entonces la credencial de elector dejará de ser una simple entrada a un parque de diversiones adultas para convertirse en lo que debiera ser, nuestro boleto a la democracia.

