A pesar de que la figura jurídica de la televisión oficial existe en Nayarit desde hace aproximadamente dos décadas, lo cierto es que un esfuerzo serio por darle forma, apenas inició cuando Antonio Echevarría designa como director de RTN a Antonio Tello, quien indudablemente le dio vida al entonces canal 11; de la nada se hicieron de equipo, infraestructura, personal y un nombre propio en la vida local.
En la administración pasada, apenas bastaron un par de años para destazar el esfuerzo previo, quizás por celo, quizás por prejuicio, posiblemente por desprecio, muy probablemente por ineptitud, lo cierto es que la presencia del medio entre el auditorio quedó reducida a casi nada. Hoy Ninel Conde nos resultaría una intelectual tan solo al recordar las emisiones matutinas de RTN de los primeros años del sexenio anterior.
La nueva administración sexenal, en los primeros días de gobierno anunció una pausa en la señal televisiva para replantear esperanzadoramente, formatos, programación y rostros; lo primero que supimos fue que saldrían físicamente de Casa Nayarit, para reubicarse en un local privado, del cual supongo estarán pagando alguna renta, tema de otra entrega.
Apenas hace unos cuantos días el canal del gobierno salió de nuevo al aire con una sola producción propia, un noticiero con dos emisiones, cuyos locutores, lectores de noticias y reporteros son caras conocidas, profesionalmente incuestionables, con trayectoria y talentos probados; el problema no es ese, lo cuestionable a mi juicio, es haber caído en la reincidente tentación por hacer del canal 10, como sus antecesores, un instrumento de propaganda y culto a la personalidad del gobernador y su entorno.
Si bien es cierto que en la era de Antonio Tello al frente de RTN sus noticieros tenían el mismo sello propagandístico, la verdad es que al menos exploraron intentos loables por producir contenidos culturales, educativos e infantiles; en el sexenio anterior ni esa molestia se tomaron, convirtieron al canal en un reality show del gobernador y su agenda; hoy penosamente el reality parece que entra a su segunda temporada, al menos es lo que han dejado ver las primeras emisiones de sus noticieros, envidia de The Kardashians.
Los noticieros han reflejado un par de propósitos también reincidentes, quizás inconscientes; por un lado la exaltación de las acciones del gobierno, ciertas o matizadas; y por el otro, el linchamiento o censura de cualquier tipo de disenso o réplica a la autoridad. De informar, en el más puro sentido periodístico del tema, nada.
No tengo el gusto de conocer al actual director de RTN, entre quienes lo conocen la opinión es unánime: sabe de televisión, es talentoso y experimentado, además de buen tipo; pero de poco debe servir su probada capacidad frente a caprichos ajenos. Los prejuicios de unos suelen neutralizar los talentos de otros.
Lo que menos se esperaría sería programación cultural, educativa, infantil, con un ámplio sentido democrático e incluyente en sus contenidos. No hay que confundirnos, no hablo de llenar el expediente con mesas redondas, plurales o de “analistas”, como somnífero prefiero algunos chochitos; no, me refiero a programación propia o comprada que atienda la diversidad.
El tema debiera importarnos, pues el financiamiento es público, producto de los contribuyentes y aunque se dude, no todos los contribuyentes piensan igual; por eso, lo menos que se esperaría sería que ese organismo gubernamental tuviera orientación colectiva, por primera vez; utilidad pública, por primera vez; dejar de ser una gaceta de facción, por primera vez.

