El guardián de presidentes, el hombre de confianza de secretarios de Estado, era frío, distante, paranoico, prepotente, autoritario, rígido, narcisista, patriarcal, manipulador, discreto, rápido, exacto, perfecto, evasivo, de acción fulminante, sin huellas, gran conocedor de la psicología humana, acostumbrado a ejercer el control e hilos del poder.
Buscando siempre ser una persona poderosa, dado su coeficiente intelectual superior al promedio, creó la temible “Brigada Blanca” con más de 200 implacables policías al estilo “Servicio Secreto”, encargado de combatir grupos subversivos urbanos y rurales, mientras bebía café turco recién preparado con dos minutos de hervor y poca azúcar.

