Divina mituna
- 27 Enero 2012
- José Guadalupe Rocha Esparza
Vivo a mis 54 años empecinadamente enamorado, ilusionado de la seducción a través del arte que salva al hombre de sí mismo, ese arte relacionado con lo erótico de la caricia que marca, dibuja o tatúa la piel y hasta el alma en la quinta década, que se vive, que se experimenta como bondad, compasión, generosidad e intimidad con la otra “mituna”.
Todo acto amoroso propicia un acto divino. Sentir la calidez en la piel, en la mirada, en la voz y en el alma, hace entender al hombre lo que es el amor, mientras nos abrazan, acarician y dicen que nos aman con esa fragilidad, sencillez y belleza sin prisa, con tono, sonido o silencio, esa lentitud que nos da el recuerdo de lo que somos el uno para el otro. “Mituna” divina, mitad, molde, complemento. Habilidosa, divertida, comprensiva, refinada, sensual, bella e inteligente mujer que habla para su hombre, que se viste para los ojos del varón, de sexualidad espiritual y anhelo de estar juntos, cediendo, cambiando, haciendo y rehaciendo proyectos mientras llega la hora de obsequiarle a ella, a ella más tiempo.

