Seguidores voraces y convenencieros van emplumados; los equilibristas y parleros llevan penachos en la cabeza, los vividores y sanguijuelas portan cascabeles en los pies. Forman todos ellos las tres cuencas de danzantes en el país, partícipes de los juegos electorales entre sonajas y chirimías con sueño de ingresar al reparto de la tómbola cual carnaval.
El poeta potosino Manuel José Othón (1858-1906) pintaba así la danza electorera en tiempos de don Porfirio: “Idólatras del dinero que, de la mentira en pos, quieren su cinismo atroz revestir con falso brillo ¡porque es su patria el bolsillo y el estómago su dios!”.Ojalá que las nuevas generaciones vivan la aurora demócrata pero sin tumultos ni empujones.

