Mi madre en casa siempre nos contaba buenas historias sobre su vida y la de su familia. Por ella es que aprendimos a conocer a mi padre que murió cuando la mayor de mis hermanas tenía nueve años y la más chiquita dos, yo cuatro.
Nos decía lo difícil que hubiera sido sacarnos adelante si ella no trabajara, si no hubiera estudiado. De grande entendí lo que de chico me parecía tan normal.
Siempre me hablaba de ser el mejor en lo que yo decidiera ser. Siempre me decía que si quería ser panadero fuera el mejor, dos o tres oficios más y siempre el remate: el mejor. Creo que a sus hijas, mis hermanas les dijo lo mismo, hoy de grande las escucho hablar de cosas y enseñanzas que pensé mi mamá me las reservaba para mi, no, hoy sé que hacía un esfuerzo individual, a cada uno nos decía exactamente lo mismo, eso nos hizo sentir únicos. Es magia de las mamás.
Maestra desde los 15 años de edad o quizás menos, Rosa Margarita Benítez Fuentes, "la seño margarita", fue la maestra de primer año cuando menos de tres de sus cinco hijos, era muy dura, no hacía distinciones como muchos pueden suponer con sus hijos, no conmigo que lo recuerde. Nuestra vida en familia transcurrió en ese ambiente, de la escuela a casa, con sus tres hijos en la Francisco Villegas Loera, en el turno vespertino. No pocas veces había que acompañarla a otras escuelas en donde cubría interinatos, recuerdo Camichín de Jauja, la Indio Mariano y otras más.
El caso de todo esto que les platico es porque ahora de adulto, casado y padre de dos hijos, enfrento junto a mi esposa el reto de orientar y sobre todo apoyar a estos niños que ya no lo son tanto. Lo hacemos con amor, a nuestra manera, con el consejo y apoyo de amigos y sobre todo de familia que nos quiere, que los quiere a ellos. Para todos esperamos seguir teniendo palabras de agradecimiento.
Hoy en casa hay un motivo demasiado grande para estar contentos, mi hijo el mayor, Jorge de apenas 17 años, ha sido aceptado en el Centro de Investigación y Docencia Económiccas, CIDE por sus siglas. Estudiará en México previó a la aprobación de un curso propedéutico la carrera de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, de nadie más es el mérito de haber aprobado tres etapas del proceso de admisión que de él, a muchos debe el honor de ser orientado, de compartirle sus conocimientos, no los menciono por su nombre, podría omitir alguno.
Su madre, su hermano Sebastián y yo estamos muy contentos porque él lo está, sabemos que después de ese curso sólo vendrá a recoger algunas cosas y se irá así de chiquito a buscar como me decía mi mamá: ser el mejor. A Sebastián y a Jorge, también les hemos dicho que sean los mejores, que luchen por sus sueños sin descanso, solamente así es posible.
A ellos les he contado otras historias que aprendí de mi mamá, como la del tío Luis, un hombre exitoso en lo profesional y familiar que cuando tenía 13 años, su madre, mi abuela Petra, lo envió a México a que continuara sus estudios luego de la secundaria. Humildes en aquella casa de ocho hijos no había más que esa posibilidad y así, con una maleta que su mamá le compró en el Mercado Corona se fue a aquella ciudad a vivir con una tía.
Al cabo del tiempo se graduó del IPN, fue becado para estudiar el sistema de transporte metro en Alemania que años después sería introducido en la Ciudad de México, desde entonces su vida transucurrió con éxito, habla idiomas, tiene su empresa, es jubilado de Luz y Fuerza del Centro, la desparecida paraestatal de la que fue gerente. El tío Luis es un buen ejemplo de ganas por salir adelante. A Jorge mi hijo le gusta esa historia, conoce muy poco a su tío-abuelo. Ya habrá tiempo.
Hoy entiendo a mi madre y sus preocupaciones porque uno fuera el mejor, tal vez no lo haya logrado pero soy feliz y eso es la esencia de aquella enseñanza de ser el mejor, alcanzarlo es estar pleno, el mejor, es sentirse bien, esforzarte por serlo y nunca dejar de intentarlo porque realmente esa lucha nunca termina. Hoy en el rol de padres, mi esposa y yo platicamos largo sobre los niños, su futuro. En casa no sobran los recursos, más bien recurrentemente no alcanzan y por eso es que buscamos siempre nuevas oportunidades para salir adelante, parejos, todos.
En seis años más esperamos tener mayor experiencia para impulsar al otro, a Sebastián, sabremos más de estas cosas, esperamos seguir teniendo grandes amigos y buen familia para que nos sigan orientando, respaldando para poder con entereza dar lo que un día con mucho sacrificio los viejos nos dieron y que no fue dinero, sino ganas de salir adelante. Han valido la pena las prisas de su madre, sus regaños por las tareas incumplidas, las desmañanadas aquellas cuando tuvo que ir a trabajar lejos de casa, creo que sí, estoy seguro.
Lo único que podremos heredar y que realmente valdrá para nuestros hijos será su formación, en casa y en lo académico, por ello, sus padres seguiremos luchando que bien vale la pena.
Tus comentarios los recibo en Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Sigueme en Twitter: @CajadeGuerrero

